SOBRE EL TRABAJO

Caos, paisaje, cromlech… orden.

Cómo nace este trabajo sobre el crómlech pirenaico.

No sé cómo llegué a la determinación de estudiar el cromlech pirenaico, y menos, a hacerlo como si en ello me fuese la vida.

Me acuerdo, en cambio, de mis primeras impresiones y de cómo decidí enfocar el asunto. En el caos inicial, apareció primero el paisaje. Al paisaje le ocurre como a los jardines, que, no son personales, tuyos, hasta que los ordenas y concibes con algún criterio. El paisaje, diría que, en buena medida, lo llevaba puesto, en realidad, siempre he preferido un paisaje natural cuando lo hago mío, que su mejor cuadro. Es posible que esta apreciación sea un disparate. Un amigo mío, suele decir con cierta rotundidad: paisaje, paisaje, no sé qué ve en él la gente, a mí no me dice nada. Tal vez, tenga razón.

Sin embargo, hay casos, en los que vas por el monte en silencio, por dentro y por fuera, y te habla, mejor dicho,  sugiere, y muerdes el anzuelo, el que comienza a hablar por dentro, a pensar, eres tú. Se trata de un pensamiento inconsciente,  podríamos decir de segundo plano. Esta relación de cromlech, el paisaje que se insinúa y yo interior, ayuda a la luz a atravesar el primer velo, sola, como suele hacer, sin pedir permiso ni esperarla. Así, se comienza a vislumbrar algo, o, eso creo.

Lo que quiero decir es que, pretender conocer el significado del cromlech pirenaico, sin hacerse quedamente íntimo del paisaje que le rodea, es un mal asunto. Es querer tocar el piano, antes de saber pedirle el do.

No es cuestión de un día, es un proceso, una larga y trabajosa secuencia. Sin saberlo, somos rumiantes de ideas y pensamientos, propios y ajenos –de animales, personas y cosas. Mirar hacia atrás para averiguar vivencias y sapiencias que pudo tener un congénere sobre un conocimiento, ojo, vigente, es más fácil que sacar a la luz la continuación de éste o descubrir otro nuevo, y sobre todo, requiere muchos menos medios y menos saber.  Permite ser más torpe y, sin embargo, capaz de descubrir algo que, en realidad, sólo está olvidado.

Eso le ocurre al significado del cromlech pirenaico, fue lógico en el primer milenio a.C. y, en la medida que lo fue, su racionalidad persiste.

Modus operandi.

En el caos hay cosas ordenables que aun revueltas perduran, por ejemplo: los vestigios del crómlech; las montañas donde están situados y sus nombres; el todo geográfico e histórico que permite encontrar claves; el orden astronómico y el sistema de coordenadas que utilizaron; las lenguas maltrechas que dejan patentes sus saberes e intenciones; la religión que abdujo creencias, poderes y prebendas obsoletos, más un sinfín de olvidos e ignorancias. Sin embargo, no debemos desconocer que, aunque todavía confusos por imprecisas cronologías, es lo que tenemos, son nuestros datos, nuestro caos particular, el único que, debidamente ordenado, nos pueden acercar al conocimiento del crómlech pirenaico y su época. Ordenar este caos, podría reconstruir en mente el jardín del crómlech. Intentarlo ha sido el fin último del trabajo hasta ahora realizado y esta presentación final a tres bandas, trata además de facilitar sus viejos y nuevos contenidos a quien le interesen:

La web, nació primero, como continuación de trabajos anteriores en ella citados. Con la pretensión de presentar un resumen ordenado de los conocimientos adquiridos por el autor respecto al crómlech pirenaico y su relación con el Camino de las Estrellas.

El acercamiento al crómlech, como se repitió con profusión en los primeros trabajos, no es asunto inicial de mesa de despacho sino de ‘ir y ver’. La tardía aparición del blog y la presencia en Twitter, se debe a sugerencias ajenas. Debes hacer el trabajo más accesible, aconsejan. En fin, como colofón a un trabajo de años, al que nunca le ha faltado empeño, cediendo a insinuaciones que parecen fundadas, se inicia esta postrera andadura por arenas movedizas para el autor, sin guión previo, esperando que éste lo perfilen lectores interesados, si los hubiera.